miércoles, 14 de diciembre de 2011

Me pides mis manos






Me pides mis manos, y no sé qué darte:
tormenta, palabra, mi sino, mi sueño,
mi rincón perdido, mi mundo pequeño,
mi tozudo empeño, mi amor dolorido.

Me pides mis manos, y esbozo un poema
sin saber de versos -me tiembla la mano-
Te inundo en mis ojos, perdidos, lejanos,
y encuentro tu Nombre entre mis rastrojos.

Me pides mis manos. Sabes que el destino
cortó ya las flores de mi sementera.
Que apenas me quedan en esta rivera
luces encendidas.

Conoces mi nombre, me sabes rendida
(soñaste conmigo todas mis quimeras,
y a tu Mano dulce confié mi herida).
Me pides mis manos.
Te ofrezco mi vida.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Nazareno







           Un hombre joven, apenas un hombre, cargado con el peso inefable de la muerte sobre sus hombros. La espalda encorvada. La cara, sencillamente humilde, transida de cansancio. Cansancio de alma y cuerpo, como animal viejo, hambriento de esperanzas, de pan y de caricias. La mirada, baja, al hombre que se acerca y ensimisma en tus ojos su pena, mucho mayor de la que deja entrever tu semblante.
            Se acercan y lloran. Todo el mundo llora. Yo no puedo llorar, aunque he perdido, o tal vez sólo extraviado, lo que más quería. Incomprensible calma. Tormento del no tormento, cuando el alma se niega a seguir viviendo, a seguir sintiendo, a manchar el lienzo de la vida con los colores del sentir de cada hora. ¡Apiádate de mí, Nazareno!.
            Dos esquinas. Tras ellas, cuatro bancas escondidas del mundo y del siglo. Cuatro bancas para echar un rato con el que escucha, con el que está, con el que siempre permanece. No eres el Gran Poder, pero desde nuestra vez primera me llamas con un incontenible poder de reclamo, una fuerza como de imán, que me hace, siempre que piso cerca, volver hasta tu presencia.
            En la calle, la algarabía populosa de la mañana de un Sábado de Diciembre. Todo se mueve. Todo se agita en esta ciudad extraña, que ya de por sí me parece estresante, árida, color gris marengo.
            Sin embargo, Tú.
            Te miro, tu rostro iluminado por un oportuno haz de luz tenue entre la penumbra blanqueada de la parroquia. Se me olvida que estoy perdida, en la mitad de la nada. El tiempo para, se deshace, se diluye y se pierde, como si fuera de humo.
            De repente, suenan estruendos que vienen de fuera. Escribo. De vez en cuando miro… Te miro.
            Y pienso que me gustaría ser pintor, como aquel poeta. Poder llevarme a mi lugar tu rostro, pero impregnado, bendecido, de la entera sensibilidad del instante. Y como no puedo, escribo… escribo.
            Mañana, o tal vez esta misma tarde, estaré de nuevo en mi tierra, Nazareno, y probablemente pronto no recuerde tu semblante, tu mirada, tu misma esencia, desgranada hoy ante mis ojos. Serás tan sólo una cita que te nombre en el cuaderno de notas de mi vida. Una cita sin rostro, sin tiempo, sin tierra…
            Pero hoy, ahora, quiero embeberme en tu centro, en ti, en la dulzura de tu mirada. Pedirte, hablarte, Hablar… y dejar al mundo en el siglo para tornar a creer que si tú quieres, volveré a ser, como Ave Fénix, de entre las cenizas de mi propio ser.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Distinto

Lo querían matar
los iguales,
porque era distinto.
Si veis un pájaro distinto,
tiradlo;
si veis un monte distinto,
caedlo;
si veis un camino distinto,
cortadlo;
si veis una rosa distinta,
deshojadla;
si veis un río distinto,
cegadlo.
si veis a un hombre distinto,
matadlo.
Y el sol y la luna
dando en lo distinto?
Altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir
distinto
de lo distinto;
lo que seas, que eres
distinto
(monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre):
si te descubren los iguales,
huye a mí,
ven a mi ser, mi frente, mi corazón distinto.


Juan Ramón Jiménez


3 de Diciembre de 2011
DÍA DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD




(a mis compañeros con y sin discapacidad de Paz y Bien-Santiponce)

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Palabras tuyas

Ehh, tú... Quiero, amigo, que sepas algo:


Que hace tiempo caí y no me he conseguido levantar aún.

Que las esperanzas son frágiles, y a veces no mojan más allá de la piel encallecida de los corazones rotos.

Que necesito agua a cada instante. Que tengo Sed, mucha Sed, y no me calman mil manantiales serenos.

Que quiero tirar para adelante, volver a empezar, ser al fin... y siempre quedo varada en el mismo sitio.

Que soy como perrillo flaco, que no es que todo se le vuelvan pulgas, pero todas las pulgas lo atacan.

Que quiero levantarme y andar ahora que puedo hacer camino... pero no tengo valor para sentir las piedras clavadas en mis pies amoratados.

Que no quiero darle la razón que no tienen a los que baticinaron que fracasaría por mi propio pie, y sé que estoy haciendo oposiciones.

Que quiero seguir... avanzar... mejorar... centrarme... estar a la altura, y me enzarzo en mil y una aventuras sin importancia que me evanden de lo Único, de la piedra fundamental.

Que quiero apurar como siempre el vaso del sacrificio que se hace por amor, y me faltan agallas para hacerlo como siempre lo hice.

Que quiero sentir el yugo dulce del trabajo en mis espaldas, calando y traspasando hasta el último codo de mi historia... y sin embargo, hoy, vagueo de nuevo.

Que sé que no siempre fui así, que solamente caí y no me pude aún levantar. Que me pesan el alma y el cuerpo. Que quiero ser y no puedo, y acaso nadie se da cuenta.



... Que no puedo con el alma, y tal vez sólo una palabra tuya bastaría para sanarme.

sábado, 19 de noviembre de 2011

A las siete y cuarto



Y yo que siempre solía decir que iba con la hora justa, la exacta... Justo por el reloj de la torre de San Lorenzo. Yo que fijaba el meridiano del mundo donde se asienta el de mi propio universo... Y le ha dado por pararse a las siete y cuarto.

Y digo yo... Si San Lorenzo es el corazón de Sevilla, y el reloj en la torre marcaba los pulsos del corazón de San Lorenzo... ¿Qué va a ser ahora de la ciudad entera?. ¿Se ha parado el tiempo en Sevilla?. ¿O sólo en San Lorenzo?. ¿Se habrá quedado Sevilla sin corazón?. ¿Y los lubricanes?. ¿Quién sabe ahora cuánto duran los lubricanes?. ¿Qué compás han de seguir los atardeceres, Otoños presurosos de cada día?.

Y no sé si es el golpe de calendario, o fue el mini-incendio de La Bofetá de hace unos meses... o simplemente un punto de cordura sobre la "i" de este mundo loco, que siempre va corriendo y corre a ninguna parte.

Sólo sé que desde hace tiempo, no sé muy bien cuánto, cada vez que miro al cielo, la Mora Cristiana marca, impertérrita, irremediable, las siete y cuarto.

Yo también quisiera, vieja torre, alminar de la tarde, detenerme un momento en el tiempo, dejar correr a la gente a mi alrededor, escapar del Siglo y de los siglos, y del tiempo todo. Te miro, pues, y no sé si se me inunda el alma de nostalgia o de deseo, de pena o de cierta envidia.

Deseo de escapar para quedarme, de volar lejos para llegar a estar cerca, de parar para no sentir esta inútil sensación de tiempo huero, ajeno, alienado. Nostalgia de miradas hacia el cielo, partido por dos mitades desde la mitad de Cardenal Espínola, un poco más allá de las Capuchinas. Envidia de quien puede volverse ajeno al tiempo que desconoce, que ya no reconoce ni le afecta. Y pena... pena de tiempo muerto, el tuyo y el mío: el tuyo porque paró, el mío porque ya no me pertenece.

Y te miro, detenido el tiempo entre tus manos -entre tus manillas, digo- y quisiera detener el tiempo de los de abajo, transeúntes de la Plaza... De la vida.

Y me dicen los que saben que tengo la cabeza a las tres de la tarde.

No... La tengo justa, exactamente, a las siete y cuarto.

domingo, 30 de octubre de 2011

En el alma

Caos. Mañana. Agobio. Cansada. Querer. No poder. Pastora. Frustración. Estoy sola. No me siento. No soy.

Versos. Ensueños. Canciones. Rosario. Auroras. Gimiendo. Sonrisa. Palomas. Sevilla.

Danza. Miseria. ¡Justicia!. Quebranto. Alameda. San Lorenzo.

Pasos. Compases de espera. Espera. Esperanza. Jazmines y nardos.

Anís. Yerbabuena. Geranio. Albahaca. Un barco. el Río. Un grito callando. Problemas. Historias. Desprecio. Hastío.

La noche. Oscuro. El Miedo. La Gloria. Trabajo. Amantes. Amado. Amando. Amar. Vocación.

La brisa. El Fuego. La nada. Empujan. Me quema. Me hielo. Sonido. Silencios. Francesco. Cenobio. Campana. Torre. Plaza. Placita Blanca. Otoño. Jacaranda. 

La duda. La brasa. Un salto al vacío. Un bolo... Otro bolo más. Y yo como siempre... con la casa sin barrer.

viernes, 28 de octubre de 2011

Te regalo...

Te regalo un trozo de vida que no viví (tú sí), un sonido flotando en el universo atemporal de las evocaciones. Un espejismo de proyectos rotos. Tu antigua casa. La casilla de los locos.

Te regalo una canción, sin voz, como tú; olvidada por todos... o por casi todos, como tú. Bueno... como tú… y como yo. Tu canción. Nuestra canción. Mi canción preferida. ¿Sabías que es mi canción preferida?. Yo también la he escuchado hasta la saciedad... en un disco. Sí... me acuerdo que el disco me lo compré con lo que me pagó una turista francesa por una clase de Sevillanas que le di en una habitación de hotel en el Barrio de Santa Cruz.

Te regalo este trozo de algo que ni siquiera me atrevo a definir, porque no lo conozco. Hace años que sabía que esto fue, que pasó, que ocurrió cerca del suelo que piso cada día, en mi misma ciudad, mucho antes que Mobile, que Danzaterapia, que la fiebre de la integración, de la inclusión, de la autogestión y de su puñetera madre. Antes de la sutileza. Antes de que yo tuviera siquiera noticia de que esto existía.

He buscado este video antiguo, caótico quizá -medio borrado de años- por cielo, mar y tierra. Ayer lo encontró un amigo y me lo pasó... y me acordé de ti. ¿Te acuerdas tú de estos?. ¿Estabas allí?. Estabas allí, ¿verdad?. ¿Sonaban tan bien como me suenan a mí?. Ese piano... ¿sonaba de verdad, o no...?. ¿Photoshop?, ¿Videoshop?, ¿Teclashop?... O Síndrome Marinelli (dos docenas de dedos en cada mano... Probrecito... nació ya así y sin remedio, y no lo iba a tirar la madre al cubo de la basura. Sobre todo porque tenía la mujer a dos iguales y el delito iba a ser por duplicado. Además, que tiene que haber de todo en la viña del Señor, ¿o no?).

Pero tú... ¿estabas de verdad allí?. ¿Tú?. ¿A ti... te gustaba toda esa música?. ¿Tú... rockero?... ¡Anda ya!. Tú no. Tú, el "abuelo" del taller, tú tranquilo, absorto en tus largos paseos, aspirando sólo a tomarte un café de máquina en el pueblo con las cuatro perras que te da la gobernanta. Estás demasiado cargado de años, demasiado doblado. Más quemao que la pipa de un indio, que la Exposición Sevillana y el Pabellón aquel de la Expo. Más quemao que tú mismo, abuelo... más quemao que tú, por no decir más que yo.

Claro... que... pensándolo bien, esto fue en el 84, ¿no?... Entonces yo estaba haciendo la Comunión en el Corpus Christi, no sabía dónde estaba San Lorenzo, menos La Alameda (uuuuhhh, lagarto, lagarto... que entonces sí que tenía sentido aquello de "no niego que te he querío"). Sevilla, para mí, terminaba en la puerta del Corte Inglés que daba a La Gavidia (que en realidad no daba a La Gavidia, sino a La Concordia). Escuchaba a Parchís, Enrique y Ana y al mormón ese que cantaba con los Pitufos. ¿Sabes?... entonces yo no sabía bailar ni las Sevillanas. Y tú... tú podías tener chispa más o menos la misma edad que el de los teclados... el chico, el que murió. Echando esos cálculos... Más raro es que lo flipe yo, que no que lo flipes tú.

Te regalo lo que me regalaron ayer. Sabe Dios quién y dónde lo encontró. Quién lo grabó en su día... tú sabes dónde.

No te preocupes... ya sé que no eres el trabajador de la semana. Si hubieras estado fuera probablemente ya te habrías jubilado, o serías uno de esos funcionarios -quemadísimos- del "vuelva usted mañana". Pero da igual... te lo regalo. No es un premio, no tienes que ganar nada. Es un regalo. Porque sí, macho... porque sé que te gusta. Que te he quincao, que cuando los pincho en clase para los de la Danza te escaqueas del taller y te acercas a escucharlos.

Toma, pa' ti. Disfrútalo y que te cunda, tío. Te lo regalo.

Pero dime: Tú... de verdad... ¿estuviste allí?.



Alameda, 1984
Festival SALTA LA TAPIA, en el antiguo Hospital Psiquiátrico de Miraflores (Sevilla)