domingo, 4 de marzo de 2012

Eternidades

No dejes ir un día,
sin cojerle un secreto, grande o breve.
Sea tu vida alerta
descubrimiento cotidiano.
Por cada miga de pan duro
que te dé Dios, tú dale
el diamante más fresco de tu alma.

----ooo----

Tira la piedra de hoy,
olvida y duerme. Si es luz,
mañana la encontrarás,
ante la aurora, hecha sol.



Cada vez que voy a la fuente, está el agua más clara y más limpia... y te quita más la sed... y te hace el alma, cada vez más vieja, más nueva. Cada vez que leo esto... me parece que está escrito de manera diferente... como si me fuera siguiendo las ondas del alma... y cada vez, irremediablemente, me puede más.

Hoy necesitaba leer estas dos... He cogido el libro y, al leerlas, las he querido compartir con vosotros. A lo mejor a alguno/a de ustedes os sientan tan bien como a esta servidora.

Escuchen... escuchen con los ojos, más que lean...


Eternidades...  

... Juan Ramón Jiménez.

sábado, 3 de marzo de 2012

Una voluntad de hierro

Desde hacía años era algo más que un capricho, y el día que la vi en Gómez del Moral intuí que, tarde o temprano, sería mía. Si no ella... una hermana gemela suya.

Era una bicicleta de las de toda la vida, con su luz, su cestita y su muelle sobre la rueda de detrás para enganchar una de esas carpetas de cartón azul de toda la vida. Una bici de las de antes, vamos.

No era BH, ni Orbea... ni de ninguna otra marca que me resultara conocida, ni tenía dibujadas florecitas, ni el diseño era de esos pastelosos tipo "Sara Kay". Pero iba bien conmigo: la cesta era grande como para que cupiera el maletón que casi siempre me acompaña, el sillín como el de mi BH de hace treinta años (no de estos modernos que se te clavan en todos lados), el manillar el de toda la vida... y para colmo era alamedosa, como yo, color Alameda de Hércules y recién montada en la calle Calatrava, al borde mismo del paseo y a dos pasos de San Lorenzo, de San Vicente y de San Antonio.

No la reservé en el momento. Quería ver otras bicis por otro lado... aunque, de mí pa tí, ya había hecho la elección.

Iba a estar en casa el día 6 de Enero. Era mi único regalo de Reyes. Una bici... es una bici. Pero Sus Majestades tardaron algo más, porque se agotaron en la tienda minutos antes de que llamara para reservarla.

El trece de Enero pasado, Viernes, tocaba pastoreo en la calle Santa Ana, muy cerquita de La Alameda. En mi casa de Hermandad de la Pastora de San Antonio se celebraba Cabildo de Elecciones a Hermano Mayor y Junta. Servidora había pedido relevo de la mesa en la que intentaba ayudar un poco para estirar un poco las piernas y hacer una llamada a la Fuente de las Palomas, que como mis paisanos saben está en la otra punta de la ciudad, y decirle a mi gente que no me esperaran despiertos, que me quedaba para rato en San Lorenzo, que no se asustaran y que ya llegaría. Que el Viernes es sagrado y si hay pastoreo en San Lorenzo, más.

En el teléfono, silenciado -como mandan los cánones en esas ocasiones- había una llamada perdida de un número que no identifiqué en principio. Llamé. Eran como las ocho de la noche. Mi bicicleta ya había llegado a Gómez del Moral. Estaba allí... a dos pasos de la calle Santa Ana, en la Alameda de Hércules, en el catorce de la calle Calatrava. La tenían que tunear un poquillo para poder llevármela al Aljarafe y para esa cueste"cita" tan mona que hay a la salida del paseo Marqués de Contadero... que tiene migas la cuestecita... así que, aunque me podía la curiosidad y estaba a dos pasos, mi bici -ahora sí: MI bici- se quedó allí hasta el siguiente Miércoles.

A partir de entonces, sé lo que es ir por Sevilla sobre ruedas. Sobre ruedas propias... sin el incordio de tener que revisar bicicleta por bicicleta de las de SEVICI hasta encontrar -cuando las encontraba- alguna que no estuviera rota, sin tener que parar cada dos por tres para anclar y desanclar "la borrica"... sin tener que ir sin frenos, sin luces o con el sillín en tenguerengue.

No es por nada... pero la bici lo aguanta todo. Y es preciosa... color Alameda de Hércules. ¿Os había dicho ya que tiene el mismo color que La Alameda?. Pues tiene el mismísimo color del pavimento del paseo... Y se integra a la perfección con el entorno cuando la dejo aparcada en los bicicleteros que ha puesto el Ayuntamiento a la altura del parquecito de los columpios. Se debe haber aprendido el camino desde la Fuente de las Palomas a la Alameda, pasando por La Gavidia, San Lorenzo, San Vicente, la Placita de San Antonio y la calle Santa Ana, porque cuando tiro para allá parece que va sola... y cuando quiero tirar para otro sitio, casi casi puedo percibir como se rebela: "¡¡Oye... pero a dónde me llevas?!!, ¡¡¿Desde cuándo hemos tirado tú y yo pal barrio del avecrem?!!".

Sin embargo, en la calle Fresa, por más que está al lado justo de Calatrava, lindando con el paseo casi, debía de parecer demasiado clara, más en la oscuridad de la noche... Demasiado clara, demasiado nueva... con cestita, con luces... Demasiado para el body de un colgao que pasó por allí el pasado Miércoles, no con muy buenas intenciones, como de las nueve y cinco que salí de la clase de Manuel Imán, en La Caja Negra, a las once y pico que debí regresar de tomarme con los compañeros mi tapa de "pollo barnizao" en El Pimiento. Al menos eso es lo que dijeron los dos agentes que me vinieron a socorrer desde la comisaría cuando vieron la barra antirrobos hecha un Cristo... que más parecía una cucharilla de las de Uri Gueler que una barra de acero galvanizado.

El caso es que cuando entré al callejón, vi a un individuo que no me dio del todo confianza cerca del bicicletero, que en principio estimé vendría buscando escombros o chatarra de la obra de atrás. "Uffff... ándate con cuidado con éste", me dije.

Cuando llegué, vi que en la mano llevaba un serrucho. Cuando me vio se marchó, con parsimonia, casi al mismo tiempo de que yo comprobara que la "chatarra" que andaba buscando no estaba precisamente en la obra... 

Casi me dio un síncope. En ese momento pensé volver corriendo al Pimiento, a buscar a alguno de los compañeros... pero... ¿cómo iba a dejar allí la bicicleta, con la barra medio rota y mi amigo el del serrucho a la vuelta de la esquina?. Pensé en salir corriendo... meter la llave y salir corriendo con la bici... pero... ¿y si el nota me está esperando en la boca de la calle?. En ese momento, de verdad que no sabes qué hacer. La impotencia más castrante, el miedo, la sensación de desamparo, de "me ha tocado a mí".... son aplastantes.

Como pude, desde el callejón llamé a dos o tres transeuntes que pasaban justo por la boca de la calle, por Calatrava en dirección Barqueta. No sabía qué decirles... No coordinaba. Ellos se asustaron quizá más que yo, pues la expresión que yo entonces debía de tener bien podría compararse a la de cualquier colgado de los que roban bicicletas o atracan a quien se le pone a tiro en cualquier callejón.

"Miren ustedes... ¿pueden venir?... ¿pueden acercarse?... Por favor, ¿pueden ustedes venir?". Como pude, en un ramalazo de coordinación, de la poca coordinación que me quedaba, logré decir: "Me han forzado la bici". Después, ya en compañía, me debí tranquilizar un poco, al menos para explicarles que lo que quería era que me acompañaran hasta la esquina de Vib Arragel porque me daba miedo salir sola con la bici, vistas las circunstancias, hasta la Barqueta.

En presencia de mis primeros ángeles de la guarda, metí, con la mano temblando, la llave en la cerradura de la "u". Bueno... de la "u" que para entonces me la habían dejado hecha una "uve doble mal garabateá". La llave no entró. Ni con mi pulso tembloroso ni con el de uno de mis axiliadores, más sereno. La barra había sido de tal manera forzada que no funcionaba la cerradura. Desconozco con qué y cómo lo hicieron... pero daba miedo ver el estado en que había quedado. Y era acero macizo. 

Mi desorientación en aquellos momentos era mayúscula. Ni sabía lo que hacer ni tenía asiento para hacer nada... Fueron estas tres personas las que me acompañaron a la rampa de la Comisaría de policía de la Alameda, y allí ya, como pude, le dije al primer agente que me encontré, pisándome la lengua de pura desesperación: "Que m'han intentao robá la bicicleta ahí en la calle 'Freza', que no la puedo zacá, que'r tío ejhtá por ahí merodeando a ve zi pué vorvbé a terminá de romperme la cadena y llevarzela der tó".

Tengo que agradecer el trato recibido por la Policía, que en todo momento me trató, más que bien, mejor. En seguida dos agentes en moto se dirigieron conmigo al lugar de los hechos, viendo el estropicio que habían hecho con mi bici y con el amarre antirrobo, que verdaderamente había cumplido bien su trabajo.

Una hora y algo se pasaron dos agentes primero, que luego fueron auxiliados por otros dos más, intentando terminar de romper la barra para poder sacar la bicicleta del bicicletero de la calle Fresa. Una hora y algo, casi una hora y media quizá... sin explicarse cómo el "choro", que así es como ellos llaman coloquialmente a esos amantes de lo ajeno que, amparados por una justicia que es de todo menos eso: JUSTICIA, cada vez proliferan más en nuestra ciudad, había podido doblar aquello que parecía ser lo más duro del mundo.

"¿Dónde te has comprado la cadena, hija?", me decían. "Pues donde te la hayas comprado... cómprate una igual, no lo dudes". Aquello no cedía con nada, ni con esa especie de alicates gigantes que según me dijeron intervinieron a otro "choro", ni con un martillo y un cincel... Incluso llegaron a dudar que fuera posible serrarlo con un serrucho. A estas de hoy, Sábado 4 de Marzo, le debo el tener bici aún a la calidad de la barra antirrobos que me vendieron en Gómez del Moral el día que me llevé la bicicleta. Lo digo por si alguno por ahí tiene la burra amarrada a las pitones esas antiguas... que sepan que si pasa el chorizo de turno con ganas de fiesta eso se lo meriendan en segundos, según me contaban los policías.

Después de hora y media casi de trabajo, y de poner buen humor al asunto para que me tranquilizara un poco, entre los cuatro agentes lograron romper del todo la barra, y sacar la bici de la calle Fresa, ante el alivio del camión de la basura, que tuvo que esperar lo suyo también, y el alivio -a medias- mío, que todavía no había entrado en mí. Tal y como la sacaron, volvimos a la comisaría, pusimos el sillín en su sitio y, escoltada por los dos agentes que me atendieron, volví pedaleando hasta la Fuente de las Palomas. No sé cuánto hay medido en pedaladas, pero un trecho importante. Eran más de la una y media de la noche. Yo me levanto todas las mañanas a las cinco y media de la madrugada para ir a trabajar. Estaba temblona... tanto que se me iba la bici. Si apenas tenía equilibrio para mantenerme depié, ¿cómo iba a mantenerme en la bici?.

La bici, como no tenía cadena para amarrarla, he tenido que subirla a mi piso. Ahí está, toda magullada, llena de rasguños y arañazos... los que el "choro" le debió hacer intentando birlármela y los que los agentes tuvieron que propinarle intentando salvarla de las garras del "choro", que con más probabilidad de la deseable seguro hubiera vuelto a terminar su trabajo... Ahí la tengo, en la entrada, quieta...

Le he comprado otra "u", no igual, sino mejor. Se la compré ayer en Gómez del Moral, en la Alameda. Pero resulta que es tan buena la "u" y tiene tanto predicamento que hay que registrarla por Internet y todo, con la marca de la bicicleta, el modelo, el distribuidor... ¡Y yo no sé el modelo de mi bicicleta y la marca!. Así que, hasta el Lunes que vuelva a abrir Gómez del Moral y pregunte... no la saco. Que hay muchos "choros" por ahí y me hace mucha falta mi bici. Que de la Fuente de las Palomas a la Alameda de Hércules, a San Lorenzo, a San Antonio y a la calle San Vicente hay hora y media en TUSSAM, cerca de los diez leros en taxi (cuando no más) y una auténtica aventura en SEVICI.

Y hay que ver... que hoy estoy aquí, totalmente echa un ocho... parecido al estado en que quedó la antigua barra que salvó a mi bici... sin querer salir a ningún sitio... Con el cuerpo todavía temblón y una indignación que se podría cortar... con el serrucho de mi amigo el de la Alameda de Hércules... sin ganas de nada... y sin poder sacar la bici.

Y me llama una hermana de la Hermandad, que también es "del extrangero" (vamos... que las dos vivimos más p'allá de la Plaza de La Gavidia), y me dice que le cuesta ir a la Hermandad viviendo tan lejos. Que yo, que aún viviendo en la Fuente de las Palomas, voy cada semana hasta allá, hasta San Lorenzo, voy porque tengo una voluntad de hierro.

Sí, señora... cierto. Yo tengo una voluntad de hierro... que me lleva casi todos los días a San Lorenzo, a La Alameda... A la calle San Vicente o la Plaza de La Gavidia. Una voluntad de hierro... sí... Pero hoy la tengo en casa, magullada, arañada toda y seguramente con el susto en el cuerpo (porque seguramente hasta siente y todo). En su cuerpo de hierro, color Alameda de Hércules.

La otra, la que tenía desde antes de las elecciones de la Pastora... que también es color Alameda de Hércules, y de vez en cuando me llama a perderme Gavidia adentro... no sé si es de hierro... pero desde hace tres días está también magullada, arañada toda... echa un ocho... asustada e indignada.

sábado, 18 de febrero de 2012

Alamedeando

Qué le vamos a hacer... si es que tiene que haber de todo en la viña del Señor, y a veces algunos nacemos raros, raros, raros, como decía el padre de Julito.

Sí, si ya sé que me iría mucho mejor si fuera al socaire de todo esto que nos han montao -o que hemos montao entre todos- sin plantearme siquiera el buscar algo más. Que lo tengo todo a mi alcance (o lo tenía antes de esta puta crisis). Que ni me compensa comprarle al morito de turno los cedés piratas... Que en esa tienda extranjera de la Avenida de la Constitución que tiene ese nombre tan desagradable, que lo dices y parece que le estás escupiendo a alguien, tienen casi de todo a precio casi de saldo. Que si no, al Cortinglé, que abre este mes hasta los Domingos y las fiestas de guardar.

Pero qué le vamos a hacer... si yo nací para ser "la otra", por vocación.

Si soy de las que entro a la Basílica y en vez de abrumarme con la Esperanza, me embarga el alma la dulzura de mi Niña del Rosario, con su Niño sobaíto en los brazos, en el sueño del que desconoce, reciennacido eterno, su calvario.

Si siempre me tiró más la Fuente de Las Palomas que la Plaza de España, los patos pequeñitos del estanque más que los pavos reales de la isleta, con sus colas abiertas... Un atardecer en San Lorenzo más que un balcón palaciego en el barrio de Santa Cruz, el Triaca de San Bernardo más que el Sevilla y el Betis, la Casa Minuto, más que todos los pisos de lujo que descansan sobre su memoria quebrantada... la Calle Feria más que la Plaza del Duque. La Alameda de Hércules, más que El Porvenir y "Reina".

Si soy más de Glorias que de Penitencias... y siento la sangre empezar a bullir no con el primer azahar que nace para despertar a Marzo, como el noventa y nueve coma nueve por ciento de los cofrades sevillanos, sino con las jacarandas primeras que empiezan a brotar a finales de Abril. Si me puede más la normalidad sencilla de mi Pastora de San Antonio en su altar un Domingo cualquiera, que el apoteosis de la Procesión de Mayo.

Si es que yo nací para ser, de profesión, "la otra". Que sí... que yo soy la otra... la otra... independientemente de que, por otro lado, desde hace tiempo, a nada me dan derecho. Que sólo me gusta "lo otro", la segunda opción, la cara B...

Si es que a mí me tira más mi bici de Gómez del Moral que una Harley, el C3 más que el Metro... Y Alameda más que Triana.

Que sí, hombre... que ya lo sé. Que en Huelva, según me dijo un choquero la vez anterior que fui, "sólo hay mucho vicio por la noche y mucho humo del polo químico de día" (Alaaa... eso es promover el turismo de tu tierra, macho, y lo demás es cuento. Así comprendo que nos llaméis ombliguistas a los sevillanos), y que la pernocta, el viajero, la entrada, el taxi, y las dos o tres comidas que haga fuera de casa, me van a costar estar sin catar una Coca-Cola hasta que se me olvide a qué sabe...

Que la cosa está mu mala para irse de bureo por ahí los Viernes, encima a otra ciudad. Que ahora vienen los Reyes y el asunto es peliagudo, y que Danzaterapia actúa mañana, al filo del medio día, en el Joyerito de Santiponce... muy lejos de las Cocheras del Puerto... en una de esas "citas sin importancia" a la que sólo van a asistir gente de la casa: todos los jefazos de la Asociación que han de decidir luego si se sigue o no con el Programa, si va bien, si va mal, si las zapatillas se reponen o no se reponen... si merece la pena comprar la falda del Zorongo, o hay que seguirle cosiendo agujeros.

Que esta semana han estado en el centro los inspectores, auditores, evaluadores, o como se llamen, del Plan de Calidad (no "la sanluqueña", la otra, la de la Junta de Andalucía), y que me queda poco para rebentar de cansancio, de insomnio acumulado, de tensión...

Que el Sábado por la tarde hay Sabatina en San Antonio, y el más bello de los Sueños Sevillanos me espera, como cada primer Sábado del mes, sentada en su altar, al borde de San Lorenzo, muy cerquita ya del río, vestida de Pastora.


Pero es que, miren ustedes... es que toca Alameda. Alameda con Roca, con el niño del Roca, con una orquesta detrás y con er Juanrra er de Mogué' de letrista de medio repertorio, y  Piazzola de apuntaó, metido dentro de una concha de caramelo. Nada más... Ahí es ná... Casi ná lo del ojo... y lo llevaba en la mano.

Y es que una no es de piedra, narices.

Y es que Huelva está a tiro de piedra, y hay un viajero de Damas que sale de Plaza de Armas a las cinco de la tarde. Y además, para más inri, el Nazareno me ha avisado de que pasado mañana, la mañana después del concierto, va a estar allí, en donde la otra vez, allí en la Iglesia de la Concepción, toda la mañana... que si me quiero pasar que me pase, que seguro que tiene un ratillo para que le cuente mis cosillas del alma, y para que le entregue cuatro recaditos que me ha encargado que le lleve mi compañera la de Navidad, que hasta Navidad... chungo para irse a su barrio (Eso... eso... Eso está muy bien, corasonmío... tener a tu Directora Artística -joder... vaya tela el nombrecito- de cosaria. Ya te vale, miarmatoa, ya te va valiendo... Prepárate el cuerpo para el Lunes, choquera, que nos toca Contemporáneo y verás tú la que te voy a dá' con  A la Vera del Jueves, con Lamentos y con las del disco del Juanrra).

Y es que hoy no me ha dado tiempo de meter ni un triste calcetín en la maleta, mañana termino a más de las dos seguro de la actuación, la post de la actuación, la comida y la post de la comida... en Santiponce... sin utilitario -todavía- y en Viernes. Y Damas que se las trae los Viernes. Y ese Paseo Colón con cola de Viernes para llegar a casa, atestado hasta el Costurero de la Reina.

Y es que sé que como no me ponga un petardo en salva sea la parte, es que no llego... Y que al fin de la noche, cuando ya no se escuche ni la guitarra de Girón, ni el cuartito de hora de "Quejío" de Pepe Roca, ni el chelo del niño... que suena que te peina el alma y te la desenreda... Cuando ya no suenen los poemas de Juan Ramón, y Piazzola deje de tocar su bandoneón en el fondo de mi alma, voy a caer en la cama de cualquier pensión fulminada de cansancio.

Pero ésta que aquí os escribe, mañana, a las nueve menos cinco, a lo más tardar, está entrando en las Cocheras del Puerto (que no tengo la menor idea de dónde están ni el Puerto ni las Cocheras, pero ya las encontraré, que preguntando se llega a Roma) como Laura que me llamo... Alamedeando, aunque esté muy lejos, demasiado... mucho más de lo que me gustaría, en cuerpo y en alma, de mis Hércules y mis leones.

Y es que, verán ustedes... es que toca Alameda. Sí, Alameda... los de Amanecer en el Puerto, Aires de La Alameda, Santa Clara, Urbana' y Violeta y Rosa... Alameda los que según los madrileños de la movida eran de Madrid ('más quisieran los madrileños de la movida...), y llevan de letrista a Juan Ramón... y de apuntador a Astor Piazzola.

...Como pa quearse en casa...


Sevilla, a dos de Diciembre de 2011, Jueves.


PD. Esta entrada la tenía en borrador desde pocos días después del día tres de Diciembre del año pasado, que Alameda dio un concierto en Huelva. Posiblemente lo empecé a redactar antes que la entrada que le dediqué al Nazareno. Bueno... no posiblemente... Seguro. Después... la falta de tiempo... la Navidad que estaba al caer... los últimos coletazos de la celebración del Día de las Personas con Discapacidad... Lo de siempre. Un par de esas cosillas mías del alma me han retrotraído a aquel borrador... y hoy que tenía tiempo y necesitaba descansar un poco de las cuestiones de curro que me mantienen toda la semana liada como la sandalia de un armao, le he lavado la cara. Aún me quedan borradores de todas clases y colores... pero, aunque el reloj de San Lorenzo ya funciona, yo sigo sin tener tiempo ni pa' mirarme, jejeje.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Dieciocho de Diciembre









            Creímos que todo estaba
roto, perdido, manchado…
- Pero, dentro, sonreía
lo verdadero, esperando -.

            ¡Lágrimas rojas, calientes,
en los cristales helados…!
- Pero, dentro, sonreía
lo verdadero, esperando -.

            Se acababa el día negro,
revuelto en frío mojado…
- Pero, dentro, sonreía
lo verdadero, esperando -.


OLVIDANZAS
(Juan Ramón Jiménez)




 

Hoy es día de la Esperanza...



miércoles, 14 de diciembre de 2011

Me pides mis manos






Me pides mis manos, y no sé qué darte:
tormenta, palabra, mi sino, mi sueño,
mi rincón perdido, mi mundo pequeño,
mi tozudo empeño, mi amor dolorido.

Me pides mis manos, y esbozo un poema
sin saber de versos -me tiembla la mano-
Te inundo en mis ojos, perdidos, lejanos,
y encuentro tu Nombre entre mis rastrojos.

Me pides mis manos. Sabes que el destino
cortó ya las flores de mi sementera.
Que apenas me quedan en esta rivera
luces encendidas.

Conoces mi nombre, me sabes rendida
(soñaste conmigo todas mis quimeras,
y a tu Mano dulce confié mi herida).
Me pides mis manos.
Te ofrezco mi vida.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Nazareno







           Un hombre joven, apenas un hombre, cargado con el peso inefable de la muerte sobre sus hombros. La espalda encorvada. La cara, sencillamente humilde, transida de cansancio. Cansancio de alma y cuerpo, como animal viejo, hambriento de esperanzas, de pan y de caricias. La mirada, baja, al hombre que se acerca y ensimisma en tus ojos su pena, mucho mayor de la que deja entrever tu semblante.
            Se acercan y lloran. Todo el mundo llora. Yo no puedo llorar, aunque he perdido, o tal vez sólo extraviado, lo que más quería. Incomprensible calma. Tormento del no tormento, cuando el alma se niega a seguir viviendo, a seguir sintiendo, a manchar el lienzo de la vida con los colores del sentir de cada hora. ¡Apiádate de mí, Nazareno!.
            Dos esquinas. Tras ellas, cuatro bancas escondidas del mundo y del siglo. Cuatro bancas para echar un rato con el que escucha, con el que está, con el que siempre permanece. No eres el Gran Poder, pero desde nuestra vez primera me llamas con un incontenible poder de reclamo, una fuerza como de imán, que me hace, siempre que piso cerca, volver hasta tu presencia.
            En la calle, la algarabía populosa de la mañana de un Sábado de Diciembre. Todo se mueve. Todo se agita en esta ciudad extraña, que ya de por sí me parece estresante, árida, color gris marengo.
            Sin embargo, Tú.
            Te miro, tu rostro iluminado por un oportuno haz de luz tenue entre la penumbra blanqueada de la parroquia. Se me olvida que estoy perdida, en la mitad de la nada. El tiempo para, se deshace, se diluye y se pierde, como si fuera de humo.
            De repente, suenan estruendos que vienen de fuera. Escribo. De vez en cuando miro… Te miro.
            Y pienso que me gustaría ser pintor, como aquel poeta. Poder llevarme a mi lugar tu rostro, pero impregnado, bendecido, de la entera sensibilidad del instante. Y como no puedo, escribo… escribo.
            Mañana, o tal vez esta misma tarde, estaré de nuevo en mi tierra, Nazareno, y probablemente pronto no recuerde tu semblante, tu mirada, tu misma esencia, desgranada hoy ante mis ojos. Serás tan sólo una cita que te nombre en el cuaderno de notas de mi vida. Una cita sin rostro, sin tiempo, sin tierra…
            Pero hoy, ahora, quiero embeberme en tu centro, en ti, en la dulzura de tu mirada. Pedirte, hablarte, Hablar… y dejar al mundo en el siglo para tornar a creer que si tú quieres, volveré a ser, como Ave Fénix, de entre las cenizas de mi propio ser.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Distinto

Lo querían matar
los iguales,
porque era distinto.
Si veis un pájaro distinto,
tiradlo;
si veis un monte distinto,
caedlo;
si veis un camino distinto,
cortadlo;
si veis una rosa distinta,
deshojadla;
si veis un río distinto,
cegadlo.
si veis a un hombre distinto,
matadlo.
Y el sol y la luna
dando en lo distinto?
Altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir
distinto
de lo distinto;
lo que seas, que eres
distinto
(monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre):
si te descubren los iguales,
huye a mí,
ven a mi ser, mi frente, mi corazón distinto.


Juan Ramón Jiménez


3 de Diciembre de 2011
DÍA DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD




(a mis compañeros con y sin discapacidad de Paz y Bien-Santiponce)